TESTAMENTO ESPIRITUAL de don PiGi

Foto TESTAMENTO ESPIRITUAL de don PiGi

El pasado sábado, 21 de noviembre tuvo lugar en la Basílica de San Eustorgio de Milán, el funeral de D. PiGi Pierini, fundador de las Células Parroquiales de Evangelización. A continuación compartimos con vosotros el Testamento Espiritual de este hombre de Dios. 

 

"Entrego mi alma a la Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo. Es lo que es, Señor. Envuélvela en la misericordia y llévala al Cielo, atendiendo al ruego que la Virgen, Madre tuya y mía, te hace y a la que he suplicado miles y miles de veces: "Ruega por mí, pecador, ahora y en la hora de mi muerte". Amén."

 

Con estas palabras, herencia espiritual de mi tío, el padre Norberto, deseo introducir estas líneas mías con la intención de sumergirme con vosotros en el flujo torrencial de la Gracia que fluye rápidamente, llevando consigo las riquezas del pasado, regando el “humus” del presente y fecundando la visión positiva del futuro.

 

Reuniendo las riquezas del pasado, puedo decir que tuve la dicha de educar niños, chavales y jóvenes durante los años de mi sacerdocio en la Parroquia de San Marcos en Milán, donde sentí la acogida de familias fascinadas por la visión de una Iglesia Conciliar que se realizaba con toda nuestra pasión, día tras día bajo nuestros ojos llenos de asombro.

 

Luego me llamaron a dirigir la parroquia de San Eustorgio, seno de una nueva visión: la de una parroquia en llamas, tal como la gracia del Espíritu Santo la supo transformar.

 

Me vi arrastrado por la impetuosa corriente de Gracia que, desbordando de corazón en corazón, de familia en familia, de parroquia en parroquia, alcanzaba “hasta el confín de la tierra” con un anuncio renovado por el entusiasmo de quien, viviéndolo, transmitía el amor del Evangelio de Jesús: un don tan grande que no pasó desapercibido a la Santa Sede, quien me animó a dar una identidad jurídica a la experiencia de las Células Parroquiales de Evangelización. Esta se convertiría así, en un instrumento para que el carisma que había animado la parroquia de San Eustorgio, al igual que muchas otras, siguiera siendo dispensado por la Iglesia como un don del Espíritu de Cristo a todo bautizado llamado a interpretarle en lo concreto de la vida con un anuncio inteligente y creíble.

 

¡Cuántas gracias, Señor! ¿He correspondido yo? ¡Cuántas almas que me fueron confiadas! ¿Le hice todo el bien que debía, a cada una? ¿Qué esperaba de mí la Iglesia? Señor, sabes cuánto he faltado: ¡perdóname!

Perdonadme también vosotros, hermanos míos en Jesucristo, por todo el bien que os ha faltado por culpa mía. No creo haberle hecho daño a nadie, al menos no intencionalmente, es más os puedo asegurar que os he amado mucho, mucho a todos.

 

Vosotros también me habéis querido: en la familia y en la parroquia, en la fraternidad de los muchos sacerdotes y laicos con quien he vivido la comunión de vida, empezando por la Eucaristía. En todo lugar, en Milán y en el mundo, he recibido manifestaciones de un afecto superior al mérito: os lo agradezco.

 

Ahora bien, si deseáis demostrar que vuestro amor no acaba, además de rezar por mí, haced que la obra que el Señor me ha llamado a cumplir a través de vosotros sea eficaz: seguiré acompañando vuestra respuesta generosa, porque el don que hemos recibido puede seguir siendo tal sólo si continuamos a donarlo.

 

Comparto con vosotros, junto con estas recomendaciones mías, la verdad de algunas palabras de una Carta Pastoral escrita por mi tío, el padre Norberto, Arzobispo y "Príncipe" de Fermo (Marche, región del centro de Italia) en 1963, año que la archidiócesis de Fermo fue invitada a vivir como "Año de la Bondad": "¡Sed buenos! [...] ¿Cuándo un hombre se dice y es verdaderamente bueno? Se dice que un hombre es verdaderamente bueno cuando ama, desea y se complace de la bondad, tanto si la encuentra en sí mismo, como si la encuentra en otros."

 

¡Amad! El amor es la piedra angular del Evangelio y la única posibilidad de encontrar a Jesús, nuestra esperanza.

 

Guardad la fe, la fe viva, plena que es adhesión convencida y valerosa a la verdad del Evangelio, que es el amor sobreabundante de Dios, como nos enseña la Santa Iglesia Católica Apostólica Romana, de la que es gran gloria y gracia ser hijos.

 

Haced todo lo que podáis para comunicar vuestra fe, para que crezca en vosotros y a través de vosotros en todos los hermanos y hermanas que Dios ponga en vuestro camino diario: en la familia, en el trabajo, en los momentos de descanso.

 

Sed constantes en la oración y atentos en el servicio amable y sincero, y así seréis testigos creíbles del amor que os ha llamado.

 

Queridos hermanos y hermanas de todas las Células repartidas por el mundo, a vosotros dirijo mi palabra con ternura: juntos hemos orado, trabajado y llorado. Os agradezco del consuelo que me habéis dado con la laboriosa obediencia al Evangelio y con vuestra fe. Os agradezco los buenos ejemplos con que me habéis edificado.

¿Qué no habría obtenido de Vosotros un cura capaz de precederos con la virtud y la oración? Perdonadme por no haber sido capaz de hacerlo. Rezaré a Jesús, Buen Pastor de las almas, para que mi sucesor lo sepa hacer.

Apoyad siempre a vuestros párrocos, en comunión con los Obispos de vuestras Diócesis y con nuestro amadísimo Papa Francisco, para que todas vuestras Parroquias sean signo e instrumento de una fe animada por el Espíritu Santo y vivificante por la fuerza del Espíritu del Resucitado quien, entregándonos el Mandato al que hemos respondido, nos asegura permanecer siempre con nosotros, hasta el último día.

¡Por lo tanto sed santos sin temor; por el contrario, llenos de alegría, celebrad y vivid la Eucaristía!

 

Si consigo llegar al Cielo, donde ya me esperan tantos seres queridos, os ayudaré con mis oraciones, parroquia por parroquia, familia por familia, alma por alma, para que un día, todos salvados, podamos reunirnos en la Iglesia del Padre

¡Y así sea!

 

**In memoriam D. PiGi **

Comparte la noticia

Categorías